Santiago Korovsky empuja un carry lleno de maquillajes por las calles de Colegiales, sigue considerándose, por momentos, una persona anónima como cuando hace gimnasia con un personal trainer en la plaza de su barrio. Pasaron dos años desde que dejó las sombras y creó una serie que rompió todos los esquemas, incluso los propios, División Palermo. Pero él sigue siendo él, con su humor y su torpeza intrínseca, con sus tocs y sus inseguridades y con esa genialidad que él atribuye en cierto modo a su neurosis.
La nota es en dos escenarios: el primero rodeado de flashes y diferentes looks. Entre escaleras, sillones y telas que adornan el suelo. El segundo, en las oficinas de Netflix, con la estatua de Juan Salvo (El Eternauta) como parte del decorado de la sala. «Con mi primer sueldo (hizo un papel a los 6 años en Juana y sus hermanas), me compré un Family Game, con la primera temporada de División Palermo dejé el monoambiente, gané metros cuadrados», dice a Revista GENTE, entre risas.
Así riéndose y poniéndose tímido, Korovsky, que cumplió 40 años en febrero y un mes antes blanqueó un romance inesperado con Celeste Cid, habla de su vida, su noviazgo, sus proyectos y su dúo creativo con Martín Piroyansky, quien hace una participación en la nueva temporada de la serie. «No entiendo por qué nos confunden, no nos parecemos en lo más mínimo. Capaz por la nariz o porque somos judíos», dice con la remera alegórica que aclara que él no es MP.
También cuenta algunas anécdotas del rodaje de la segunda temporada de la serie de Netflix que estrena mañana, y recuerda a Nilda, la actriz que interpreta a Betty en la ficción. «No soy de llorar de tristeza. Sí lloré cuando se murió Nilda y hace poco por mi abuela. Pero en general lloro de emoción. Me pasa en la cancha, con mi papá, cuando vamos a ver a San Lorenzo, a veces lloramos los dos. No sé… será algo heredado», confiesa.

La historia de Santiago estuvo siempre ligada al arte. Su padre es profesor de educación física y ahora se animó a hacer canto, su madre es docente y escribe sobre educación sexual, su hermana es actriz (trabaja en DP) y su tío, Ernesto Korovsky, un reconocido guionista. Sin embargo, durante su juventud había otros intereses dando vueltas. «De chico quería ser taxista o manejar colectivos. Menos mal que cambié de idea porque los Uber me hubieran complicado la vida. Uno va cambiando, después quise ser futbolista y tener una banda de música», cuenta.
Pero había otro destino para él y se gestaría, después de participaciones en proyectos ajenos, en una obra donde ocuparía todos los roles: creador, guionista y protagonista. Durante la pandemia, Santiago encontró un refugio: la imaginación.
Pasó meses encerrado escribiendo División Palermo. Cambió al cuerpo de policías por la guardia urbana, gracias al aporte de Piroyansky, compartió con sus padres una lectura porque quería conocer sus opiniones y fue ahí cuando entendió que ese humor que había sido su forma de conectar podía expandirse y hacerlo, por un rato, salir de esas cuatro paredes. Y, si bien siempre soñó alto, aún no termina de creérsela.
De vuelta en el estudio, Santiago se prepara para leer algunos comentarios de Google de la serie y también para hablar del «segundo robo del siglo». «Quise hacer el primer chiste yo, pero ya me cansó… En todos lados, en el supermercado, en la calle, siguen con lo mismo», dice, entre divertido y agobiado, sobre su forma de blanquear su romance con Celeste Cid. También habla del desafío de trabajar con minorías y cómo logró que se vean reflejadas de forma cuidadosa. «Soy neurodivergente y soy el primero en reírme de mi mismo», suelta.
-¿Qué podés adelantar de la segunda temporada de División Palermo?
-Esta temporada se mete más con el género de espías… Como una parodia de este mundo conocido por todos… de Maxwell Smart, Top Secret y demás. Tenía ganas de que se pusiera un poco más oscura la temporada…En los capítulos finales se pone un poco más adulta. A veces me me preocupa porque algo que me sorprendió mucho de la primera temporada es que la gente la veía con sus hijos, con sus abuelos, como la la la extensión generacional que tuvo.

-¿Y esta temporada no es ATP?
-Bueno, no sé. Pensé lo mismo con la primera, que no era tan ATP, y la verdad que un montón de niños me escribieron que les encantó. Eh, así que no sé, veremos qué pasa con esta. La intención era incrementar la acción, el policial, el riesgo y todo ese mundo.
-¿Te pasa de ponerte nervioso mirando la serie y las torpezas de Felipe ?
-Me pasan millones de sensaciones porque verse actuar es traumático y en este caso, al dirigir y escribir… Pienso en el color, en el sonido, en el ritmo del montaje… Si me pasé, si me quedó muy lento, pienso en el chiste… Es un proceso el dejar de verlo como algo que uno todavía puede cambiar a decir: «Esto ya está». Me cuesta, anoto cosas y quiero cambiarlo.
-Si pensás en en el momento en el que empezaste a cranear la serie y dónde estás parado hoy ¿te lo hubieses imaginado?
-Una vez un productor me dijo: «¿Estás listo? Te va a cambiar la vida»… Me acuerdo que un guionista me dijo: «¿Vos sabés en lo que te estás metiendo?». Es una mezcla de las dos cosas. Me acuerdo que apenas se estrenó la primera temporada yo estaba con esas preguntas: «¿Va a cambiar algo?» «¿Va a pasar algo?» «¿Va a traer repercusión?» «¿Algo de mi vida va a ser distinto?» y luego el primer día no pasa mucho. Segundo día, no pasa mucho. Tercer día, estoy en la plaza entrenando y en el medio del entrenamiento alguien me pide sacar una foto y vuelvo a entrar y alguien me vuelve a pedir una foto y yo digo, «Uh». Y de repente fue mucha exposición. Es acostumbrarse a eso y después pasa también, ¿viste?
-¿Es intermitente?
-Entre la primera y la segunda temporada realmente bajó un poco… Después, de repente, vuelve a subir si pasa algo que sale en los medios. Uno se va acostumbrando a esa subida y bajada que también es compleja, ¿no? Como que recibís atención y te preparás para cuando en unos pocos años sea obsoleto y ya nadie te registre. Tampoco está bueno acostumbrarse, porque corrés el riesgo de que te guste mucho y que te genere una necesidad de salir a buscarla a cualquier costo.
-Igual ya venías coqueteando con la exposición, estuviste en Casi Feliz y El Reino.
-Sí, más o menos desde los 30 años empecé con series web, Tiempo libre y demás. De repente hice videos que se volvieron virales y me llamaron para Casi Feliz, después para El Reino, como siempre hubo subidas y bajadas de de mi nivel de exposición. Ahora quizá es más alto y se empiezan a exponer cosas de mi vida privada y es un nuevo grado de incomodidad desbloqueado.
-Elegiste una novia bastante conocida…
-Puede ser. Pero, bueno, nada, tratando de aprender y acostumbrarme a cómo acomodarme a todo ese mundo.
-¿Le pedís consejos a Celeste?
-Sí. Está acostumbrada. Da buenos consejos, pero una cosa es escucharlos y otra cosa es vivirlo en carne propia. La exposición es algo un poco incómodo.
-Sos una persona que se ríe bastante de todo.
-No aprendí a reírme de esto.
-Quizás este sea tu gran desafío, ¿no?
-Bueno, algo hago. Cuando publiqué la situación hice un comentario gracioso en relación al chiste que hace todo el mundo del robo del siglo y demás. Pero, bueno, nada, no dejan de ser relaciones privadas que también está bueno que tengan su su intimidad. Así que de eso tratamos de contenerlo dentro de lo que se puede.
Santiago Korovsky: de los 22 metros cuadrados a la serie que le cambió la vida

Santiago es alto y flaco, tiene una sonrisa tierna y una timidez que se va soltando con el correr de la charla. Ya pasó lo peor: no hay más fotos ni videos, solo una conversación con un celular grabando. No hay más restricciones alimentarias: tiene una dieta en donde hay muchos prohibidos, por eso en la producción elige comer una fruta. Ahora está solo él y todas sus máscaras: la de la ansiedad, la de la neurosis, la del judío con un sinfín de pensamientos, la del torpe, la del neurodivergente. Pero, detrás de todas esas está él, el pibe de barrio que remó durante años, que pasó meses encerrado en 22 metros cuadrados creando una serie que se convirtió en fenómeno, que conquistó a Netflix y que fue reconocida con un Emmy Internacional a mejor comedia.
«La primera temporada la escribí en un monoambiente de 20 y pico de metros cuadrados, 26 contando el balcón, y estuve toda la cuarentena encerrado. Era enloquecedor, no sabía donde meterme. Cada vez que salía del balcón el perro del vecino me ladraba», recuerda.
-Contabas que con tu primer sueldo te compraste una consola, ¿qué cambió después de División Palermo?
-Es muy bueno, un jugador de fútbol dice que con su primer sueldo se compró una casa, un auto y yo me compré un Family Game… Pero sí, después de como 10 años, salí del monoambiente. Me permitió sumar algunos metros y estar un poquito más cómodo, y viajar un poco más.
-¿Aumentó mucho el estrés?
-Viste cómo es: cuando tenés plata no tenés tiempo, cuando tenés tiempo no tenés plata. Como que de repente tenía un ingreso mejor, pero no me podía ir de vacaciones. Hace años que no podía. Este año empezamos -con Celeste- a viajar cuando se puede, como un mini descanso porque es mucho mucho estrés.
-¿Sos una persona muy cerebral?.
-Sí.
-¿Cómo hacés para canalizar? Leí por ahí que jugabas al tenis, ¿no?
-Juego un poco al tenis, mal, pero juego. Y entreno con un profe en la plaza.
-¿En la plaza?
-Sí, sigo entrenando en la plaza. O sea, hay momentos donde la exposición es alta y hay momentos donde no. Entonces seguro que la gente me mira haciendo el ridículo, pero no me interrumpe. A veces trato de meditar un poco, hago terapia, y bueno, no sé, tengo que seguir aprendiendo.

-¿Cómo manejás la ansiedad?
-Soy muy ansioso. Un poquito más que la media. No por desmerecer, pero soy de las personas más ansiosas que conozco. Hago terapia desde los 18 años y no paré. Ya probé con muchos terapeutas y voy probando con técnicas y demás. Creo que estoy levemente mejor.
-¿Te dieron el alta alguna vez?
-Mmm, no del todo. La última vez me costó mucho convencer a mi terapeuta que quería cambiar de terapeuta. Yo soy de los que no abandonan, soy de los que necesita acordar con el terapeuta. Trato de decirle: «Che, mirá, me parece que necesito un cambio» Y si no están de acuerdo, suelen decir: «Bueno, vamos a trabajar un mes más para trabajar este tema» y así se estira» Hubo solo uno que me dijo: «Dale, sí, me parece perfecto, andá».
-¿Y en qué se manifiesta tu ansiedad?
-No puedo dejar de moverme, tengo mucha rumia mental, mucho pensamiento… Hay mucho de eso, así que buscando herramientas para que baje un poco.
-¿Te da un poco de vértigo el éxito?
-Eh, me cuesta esa pregunta porque no sé bien qué es el éxito.
-En este momento estarías teniendo éxito…
-No. Lo que me da miedo es la exposición… Lo que me da miedo es decepcionar a los demás, que la segunda temporada no guste, no estar a la altura… Todos esos miedos se fueron atravesando a lo largo de la escritura hasta llegar hasta acá y ahora, cuando veo que la gente la ve, se ríe y hay me dice: «Che, está mejor que la uno», recién me estoy pudiendo soltar y confiar cuando Esa sensación me va dando impulso y me da felicidad, la verdad.
-La mirada del otro…
-El éxito es que lo que yo hago se disfrute y eso, que me parece que ese sería un éxito profesional, eh, no me da miedo. Me da placer. Después obviamente me cuesta… Me cuestan los elogios, me cuesta recibir el afecto y esas cosas, me parece que sí, eso sí.
-Felipe (el personaje que interpreta en División Palermo) tiene un poco este perfil de antihéroe, ¿hay algo de él que está inspirado en Santiago?
-Sí, como una persona con mucha torpeza y mucha perseverancia también. Como alguien que va consiguiendo, a pesar de las dificultades, las cosas que se propone.
-¿Y vos te habías propuesto, de chico, llegar hasta acá?
-De chico quería ser taxista, colectivero, ¿viste? Las cosas van cambiando mucho. Ahora estaría en un problema con el tema del Uber. Después pensé en tener una banda de música, después, en ser jugador de fútbol… De adolescente, empecé a ver que me gustaba el audiovisual. La razón por la que no me animaba a hacerlo era porque pensaba que no era lo suficientemente bueno, y porque no veía a mi alrededor cosas que yo dijera: «Uy, esto quiero hacer» o «Me veo haciendo esto y lo puedo hacer».

-No la viste venir, entonces…
-Lo que sí te puedo decir es que todo lo que me está pasando ahora jamás me lo hubiese imaginado cuando era adolescente… Cuando descubrí que quería hacer esto, no me hubiese imaginado que que iba a poder hacer mis cosas y que la gente se iba a reír y le iba a gustar y que una plataforma como Netflix me iba a apoyar.
-Y que ibas a ganar un Emmy internacional.
-Me acuerdo que una vez Nico Parodi, uno de los productores de la primera temporada, había ganado un Martín Fierro como codirector de Apache y se había ido a fumar a la calle y no había estado ahí para para recibirlo. Yo le dije: «Bueno, la próxima cuando ganemos un Emmy vas a estar ahí. Se lo dije en chiste y después me lo recordó cuando lo ganamos. Pero también hay algo mío de soñar alto también.
-Lo manifestaste.
-Tampoco es que yo realmente imaginé que iba a ganar un Emmy, pero pensé: «A ver qué es lo más alto a lo que uno pueda aspirar con una serie». Y le puse eso porque también hay como una inconsciencia en algunas cosas.
-¿Siempre tuviste este tipo de humor?
-Yo creo que el humor para mí es como un mecanismo de defensa en todas estas ansiedades, angustias, estas formas dramáticas de vivir que tengo que también tiene mucho que ver con el humor judío, con gente neurótica que sufre.
-Como Woody Allen.
-Obviamente que el humor de Woody Allen me inspiró cuando era chico, así como un montón de humoristas argentinos, como Quino, Le Luthiers, etcétera… Me acuerdo, por ejemplo, estar en el auto con mis con mis viejos y mi hermana haciéndolos reír… tratando de hacer un chiste tras otro como una forma de canalizar la ansiedad. O estar jugando al básquet y hacer reír a mis compañeros. Había algo de encontrar el afecto a través del humor, me parece.
Santiago Korovsky: un chico solitario que se volvió popular

Santiago cumplió 40 a principio de año y dice que vinieron con achaques, algunos reales y otros de «fantasía» porque a la ansiedad se le suma la hipocondría. No festejó porque odia las fiestas, prefiere estar en casa. No sale mucho, disfruta leer y estar puertas adentro. Pero algo en su vida cambió: no solo amplió metros sino que ahora se enfrenta con ser popular y con tener que hablar de su vida privada. Acaba de volver de Grecia, el viaje que le dio envión para enfrentar la realidad: no solo tiene que promocionar la segunda temporada de la serie sino que está de novio con Celeste Cid. Ahora su intimidad está en las revistas y él está un poco sensible con eso.
«La sociabilidad no es mi fuerte», dice en las oficinas de Netflix. En el otro escenario y con algo de incomodidad contesta preguntas sobre su relación con la actriz. También cuenta que ya no juega a consolas y que tiene algunos jueguitos en el celular que le baja Antón, el hijo más chico de su novia.
-¿Te jode que aparezcan notas relacionadas a Celeste?
-Ella trabaja desde los 12. Es lógico. La verdad que en eso no tengo ningún problema. Es más esto que te digo de de la intimidad, de la exposición. No de ego.
-¿El arte viene de familia?
-Mi hermana es la primera actriz de la familia. Fue la que pensó primero en dedicarse a la actuación. Hace obras de teatro… Es mi hermana en la serie. Mi mamá escribe sobre temas de educación sexual, pinta… Mi papá fue profe de educación física y ahora empezó a hacer coro. Mi bisabuelo era era dramaturgo, mi abuela escribía, mi tío ganó muchos Martín Fierro… Hay una especie de legado familiar o más que nada como que te vas empapando en ciertas cosas. Mi abuela vendía obras de teatro. Entonces, nos llevaba siempre a ver Vivitos y coleando y a conocer a los actores. Algo de todo ese mundo me parece que te va influyendo.
-¿Qué te acordás de tu adolescencia?
-Por ahí de chico me costaba… Era de los que se sienten un poquito más cómodos en el mundo de los adultos, como que conectan más con los adultos que con gente de su edad. Ese tipo de chico era y eso también genera un poco de soledad. Entonces conectaba más con los libros y esas cosas.
-¿No eras muy sociable?
-No, soy bastante solitario, introvertido… Tengo muchos amigos que quiero mucho y muchos vienen desde que nací, desde el primario, desde el secundario. Pero me cuesta lo social y si voy a una fiesta a los 5 minutos me fui… El ruido me molesta y entonces aprovecho todo lo que puedo estar en mi casa viendo películas o leyendo o comiendo, soy muy de comer.

-Sí, pero tenés muchas restricciones alimentarias…
-Pero igual disfruto mucho, le encuentro la forma. Soy mucho más de salir a comer que de estar en fiestas y y de beber mucho alcohol.
-¿No tomás alcohol?
-Muy poco.
-¿Y qué estás leyendo?
-Estuve leyendo un libro de tenis, estoy empezando a leer el libro de mi mamá. Tengo ahí pendiente un libro de Leila Guerriero, también en mi mesita de luz.
-¿Tuviste crisis de los 40?
-No, obviamente que hay algo de cumplir que no me gustó. Pero por ahí es algo más de la previa,. También depende cómo te agarra el momento. Ahora justo estoy con el subidón de la serie y todo, después seguramente me pegue el bajón de: Bueno, cómo sigue mi vida después de División Palermo y ya con 40 años.
División Palermo y la dificultad de reflejar las minorías

División Palermo es una comedia donde las minorías son protagonistas. Santiago consigue hacer reír sin ofender. Un gran desafío que hace de la serie algo muy distinto. La guardia urbana es un espacio de inclusión que da espacio para que todos puedan ser parte de la fuerza.
«La idea era poder mantener la esencia de la primera temporada y seguir profundizando en los personajes que ya habíamos presentado, pero también incorporar nuevas minorías, nuevas personas con discapacidad para contar nuevas problemáticas», cuenta.
Y explica: «Nos asesoramos con muchas personas para poder incorporar. Muchas personas con discapacidad me escribieron después de la primera temporada porque querían ser parte. Con algunos me junté a charlar y quedaron. Por ejemplo, Iván, que es el chico con parálisis cerebral que aparece en el capítulo 4, fue uno de los que me contactó.
-¿Fue buena la recepción de la serie de la gente con discapacidad?
-Sí, muy buena. Es algo que me preocupaba y me ocupaba mucho. Y no solo me sorprendió sino que superó mis expectativas.
-¿Cómo es el proceso creativo y qué cuidados tuvieron a la hora de tocar temas tan sensibles?
-Bueno, el trabajo era para nosotros incluir a las minorías en el proceso de escritura. Nos juntamos con algunos de los actores para conocer sus problemáticas, sus puntos de vista y también con un montón de asesores, psicólogos que trabajan con personas autistas, fundaciones que trabajan con chicos con síndrome de Down, personas sordas, padres de chicos autistas.
-¿Y después?
-Una vez que están escritos los capítulos es hacer un doble chequeo o también mientras los escribíamos. De repente yo lo escribí a Hernán Cuevas o a Facundo Garini y le pregunto: «Che, ¿qué te parece este chiste?» o a Lucre Gómez, que es nuestra escritora que es una chica en silla de ruedas, que es una asesora de la serie que está siempre. Y después, lo mismo en el rodaje a ver cómo se sienten. Es adaptar el chiste para que ellos se sientan representados y es nuestra forma de cuidar esto de poder estar parados en un lado de reírnos de nosotros mismos y no herir susceptibilidades.

-Vos sos el primer de reírte de vos mismo.
-Claro, ahí abrís un juego para que también ellos puedan reírse de las cosas que les pasan.
-¿Cómo son los rodajes?
-Es bastante particular el rodaje. Las locaciones siempre tienen que ser accesibles, hay que tener en cuenta las particularidades físicas de cada uno y sobre todo son muchas las torpezas que yo voy cometiendo todo el tiempo y que termino incorporando a la serie, ¿no? Como a el chico ciego le digo: «Bueno, y ahora mirá acá» y me dice: «¿Qué es acá? A mí no me digas acá… A mí mostrame». Son cosas que en general salen espontáneas, sin querer, digamos.
-¿Y desde lo técnico?
-Tenés que sumar un montón de cosas que pueden suceder. Ya un rodaje es complicado, un rodaje quizá con estas personas que tienen estas particularidades aún más. Pero es lo lindo. Es lo que lo hace especial. Te obliga a aprender mucho y todavía me queda mucho por seguir aprendiendo. Sobre todo en lo social.
-¿En qué sentido?
-Soy una persona que muchas veces llega tan ensimismada. Soy muy obsesivo, llego y estoy en mi mundo, pensando en 10 cosas y de repente me dicen: «Hey, saluda». Es algo que me pasa mucho. Entonces, empezar a levantar la mirada, abrirme a lo que pasa a mi alrededor, aprender a trabajar en equipo, la empatía.
-¿Te cuesta trabajar con gente?
-Es algo que me costó. Me costó mucho aprender a trabajar en equipo y todavía me cuesta. Soy una persona que venía de hacer todo solo y de repente pasar a trabajar con tantas personas… Soy bastante neurodivergente. Tengo bastantes cuestiones de obsesión, de dificultades sociales, que me hacen complejo. De repente tener que liderar, de alguna manera, a un equipo de 100 personas… Fue todo un aprendizaje, pero me parece que la fuerza de la serie tiene que ver también con eso. Son muchas personas muy muy talentosas poniéndose al servicio de esta idea.
-¿Sos un pisciano sensible?
-Sí, por ahí mi problema es que a veces soy muy sensible de más, no sé, por ejemplo, esas dificultades sociales también tienen que ver con eso, ¿no? Como desde el contacto físico, que es algo que me cuesta, hasta los ruidos. Hay algo medio de una divergencia ahí que está pasado en sensibilidad.
-¿Qué te imaginas ahora para el futuro?
-Por ahora es la última temporada. La idea es tomar unas buenas vacaciones. Después de eso tomarme el tiempo para empezar a pensar en el próximo proyecto, a escribir una película. Es lo que me dan ganas de hacer. Por ahí en unos años sí volver a hacer quizás una película o un especial para volver a juntar a la banda.
-¿Y te imaginás haciendo humor o otro tipo de género?
-Siempre hay algo de una mirada del humor, pero también me imagino cruzándolo con otros géneros y viendo a qué lugares vamos. Drama, suspenso, vamos a ver qué nos depara el destino, a dónde nos lleva.
Fotos: @rrociobustos
Estilismo: @alegarcia360
Maquillaje y peinados: @estudiojopa
Video: Martina Cretella
Edición: Ramiro Palais
Arte de tapa: Darío Alvarellos
Agradecimientos: @atelierpuchetapaz @boliviauniverso @bujorgerey @vansargentina @grimoldiar y @oggizapatos






Comentarios