Con apenas 30 años, Fernando Madeo Facente ya colecciona causas que lo ubican en el ojo de la tormenta judicial y mediática. Abogado penalista, recibido con honores en la Universidad de Buenos Aires, arrancó su carrera dentro del Poder Judicial, pero se sintió «un bicho raro» entre ciertos expedientes empolvados y «jueces de camarilla». 

Apenas pudo, salió de ahí para fundar su propio estudio, desde el que se convirtió en un defensor de causas incómodas: desde la defensa de Braian Paiz, el camarero detenido por la muerte de Liam Payne, hasta la representación de víctimas en causas de estafas piramidales. También logró la excarcelación del creador de la plataforma Fútbol Libre

«No me interesa la opinión popular. Me interesa la justicia real, la que se construye con pruebas, no con titulares», dispara, sin filtro, el letrado. 

En entrevista con GENTE, reflexiona sobre un caso paradigmático como la investigación por el fallecimiento del ex One Direction y denuncia “la obscenidad del sistema penal”. Entre otros detalles, asegura que “mientras los pobres se pudren en prisión preventiva, los poderosos transitan el proceso en libertad o directamente no llegan a juicio”.

“La justicia no actúa según pruebas, actúa según titulares. Y si los medios piden sangre, los jueces dan condena», plantea filoso Fernando Madeo Facente, el abogado de Braian Paiz, uno de los dos detenidos en el caso Liam Payne.

El caso Liam Payne, según Facente: entre “una cacería de brujas” y “presiones británicas”

Facente defiende a Braian Paiz, el joven que quedó detenido tras el trágico final del ex One Direction en Buenos Aires. El excamarero de Cabaña Las Lilas que mantuvo dos encuentros con Liam Payne –el último cuarenta y ocho horas antes de su caída por el balcón de Casa Sur– continúa en prisión preventiva desde el 3 de enero de este año. Comparte una celda de la Alcaidía de Buenos Aires junto a otros 15 rehenes por supuesta venta onerosa de estupefacientes. 

Para el abogado, el tratamiento del caso es una radiografía perfecta del funcionamiento tóxico entre Justicia, medios y sociedad. “No se probó que Braian haya vendido droga. Todo lo contrario: hay mensajes donde claramente dice ‘te lo regalo’. Pero la necesidad de mostrar que la justicia actúa llevó a buscar culpables sin pruebas sólidas”, plantea Facente.

Incluso denuncia que “hubo reuniones entre funcionarios de la justicia argentina y representantes de la embajada británica”, y que eso terminó condicionando el proceso. “El fiscal necesitaba mostrar resultados. Braian es víctima de esa necesidad de espectáculo”, asegura.

“Braian (Paiz) no le vendió nada a Liam Payne, se lo regaló. Está en los mensajes. Lo demás es una construcción mediática sin pruebas», asegura el letrado del camarero detenido en la Alcaidía de Buenos Aires desde hace seis meses, por supuesta venta onerosa de estupefacientes al ex One Direction. El otro imputado es David Ezequiel Pereyra.

Para el letrado, el expediente está plagado de inconsistencias: no se peritó como corresponde el celular de su defendido, “se utilizaron comentarios de vecinos como supuestas ‘pruebas’” (como cuando éstos aseguraron que en la calle Agüero, en la zona de El Abasto, donde vivía el joven, se vendía drogas) y “se ignoraron evidencias clave como su trabajo estable, su arraigo y el hecho de que no tiene antecedentes”.

–Fernando, ¿por qué creés que el caso tomó este giro? ¿Qué lo vuelve, para vos, paradigmático?

–Porque Braian es pobre. Porque es joven. Porque vive en una zona estigmatizada. Y porque la justicia necesita construir culpables cuando hay una víctima famosa. Cuando un país como Inglaterra te observa, cuando hay una familia poderosa llorando a su hijo y cuando los medios hacen de eso una novela, la maquinaria judicial entra en modo espectáculo. Y ahí todo se contamina. A Braian lo condenaron el día que su nombre salió en los medios. Y encima, ni siquiera había pruebas: en los chats él le dice a Liam “te lo regalo”, no “te lo vendo”. No hay transferencias, no hay audios, no hay trato económico. La prueba está en los mensajes, y sin embargo lo detienen igual, con prisión preventiva, como si fuera un narcotraficante. Eso para mí es paradigmático: cuando la presión externa, la política internacional y el rating pesan más que la verdad jurídica. Es una cacería de brujas disfrazada de justicia ejemplar.

“Cuando la justicia no tiene pruebas, inventa artimañas: a Braian lo acusan porque ‘en la zona se vendía droga’. Eso es estigmatización pura», denuncia el abogado.

De la causa Fútbol Libre a la lucha contra el nuevo delito de moda: las estafas digitales

El primer gran caso que catapultó a Facente fue el de Fútbol Libre, en el que defendió al joven que transmitía partidos sin derechos. “Fue David contra Goliat. Un pibe humilde contra las corporaciones del fútbol”, recuerda. El caso se resolvió con la libertad del acusado, que hoy colabora con el estudio de Fernando y estudia Derecho. “Fue la primera vez que sentí que mi trabajo no sólo liberaba, sino que transformaba vidas”, dice.

Hoy, Facente está al frente de la defensa de víctimas en causas relacionadas a esquemas de estafas que defraudaron a miles. “La estafa es el delito de moda. Tiene penas leves, ganancias millonarias y una justicia que muchas veces las subestima, por eso se reproducen como hongos. En un país donde todos quieren ser ricos ya, es una bomba de tiempo”, advierte.

“La cárcel está llena de pobres. El poder, el dinero y la influencia son inmunidad en la Argentina», dispara el abogado Fernando Madeo Facente.

Uno de los casos más llamativos que llevó adelante en 2023 fue el del “falso trader” Pedro Ilincheta, un joven acusado de estafar a todo su grupo de amigos en un country con promesas de inversión en criptomonedas. “Les decía que si le daban dólares, los multiplicaba con operaciones digitales. Todos confiaron porque era su amigo de toda la vida, y se terminó quedando con todo”, explica el abogado. 

Facente representa a la mayoría de los damnificados y logró la detención de Ilincheta, aunque todavía no se ha alcanzado un acuerdo económico. “Este caso es arquetípico de una nueva forma de delito: no sólo por la sofisticación financiera, sino porque ocurre entre pares, entre gente que se conoce, que comparte asados y vacaciones. Y eso lo vuelve todavía más cruel”, señala. 

También defiende a la mayoría de los damnificados en la causa Induplack, una constructora que prometía departamentos y terminó estafando a decenas de familias en la Ciudad de Buenos Aires. “Vendían el mismo departamento a varias personas o simplemente no finalizaban las obras. Es una estafa en cadena que arruinó proyectos de vida enteros”, afirma el letrado, que busca justicia para las víctimas. Y enseguida advierte: “Estamos ante un colapso ético disfrazado de emprendimiento inmobiliario”.

Sobre la condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, Facente señala que el fallo sienta un precedente inquietante: «Se responsabiliza penalmente al presidente por todo lo que pasa en su gobierno. Si ese criterio se aplicara con seriedad, ningún presidente podría irse sin causas penales”.

De la crítica a la Justicia que “no se mete con los ricos” a su visión sobre los casos Báez Sosa y Cristina Fernández de Kirchner 

El análisis de Fernando Facente va más allá de la defensa individual y, avanzada la entrevista, se mete de lleno en la crítica estructural y cómo funciona la justicia frente a los pobres. “Al rico no lo detienen salvo que su delito sea muy burdo y se mediatice. El sistema penal está hecho para caerle a los vulnerables. Si tenés influencia, contactos o dinero, el proceso lo transitás libre”, subraya. 

Ese mismo diagnóstico lo aplica a casos paradigmáticos como el de Fernando Báez Sosa. En este caso tiene una visión particular: “Fue atroz, sin dudas. Pero la perpetua fue un absurdo. No se probó ni el dolo ni la premeditación. Se instaló una verdad mediática y la justicia no pudo ir contra eso”.

Por último, al hablar del peso de la mediatización de ciertos casos, Facente comparte su pronunciamiento sobre la condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa vialidad: “No sé si es culpable o inocente, pero sí estoy convencido de que hubo un uso político del proceso judicial”. “Se instaló durante años la idea de que era una chorra sin condena, y cuando la condena finalmente llegó, a nadie le importó el contenido de la causa”, sostiene. 

Para él, lo más grave es la doble vara moral: “Hay quienes se rasgan las vestiduras por esta condena y después evaden impuestos o consiguen licencias truchas sin pudor. Esa hipocresía ciudadana también corrompe el sistema”. Acerca del fallo, asegura que sienta un precedente inquietante: “Se responsabiliza penalmente al presidente por todo lo que pasa en su gobierno. Si ese criterio se aplicara con seriedad, ningún presidente podría irse sin causas penales”.

Fotos: Gentileza FMF

 

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